La importancia de jugar al aire libre
El aprendizaje natural se aprende en ambientes naturales
Actualmente las actividades de la mayoría de los niños suele realizarse de forma constante entre espacios cerrados y hasta reducidos, según ello sea, en casa, el colegio, el auto o algún patio o zona de juego reducido, dejándose de lado, cada vez, las experiencias repetidas en espacios al aire libre, que son un aporte importante para su desarrollo y salud.
El estilo de vida actual, sobre todo en aquellas grandes ciudades, los padres llevan un estilo a menudo acelerado, los padres a menudo no tienen tiempo y prefiriendo actividades cercanos y dejando las actividades o juegos al aire libre, mientras los colegios prefieren el recreo en aula o dedica pocas horas a actividades físicas o exploraciones a la naturaleza.
El juego, como enfoque lúdico-educativo grupal y como soporte de experiencias en los parques naturales o ambientes abiertos que nos brinda el entorno tridimensional, se va alejando de la vida de los niños, dando paso a aplicaciones y medios tecnológicos bidimensionales, que limitan el desarrollo sensorial y motor de los niños y hasta de los adultos.
En el juego natural, el niño puede desarrollar sus sentidos, fortalecerlos y crear así una base sólida para el aprendizaje académico, el sentido de la vista requiere información procedente de otros sentidos para tener una percepción más amplia del contexto, de allí, la importancia de las experiencias concretas en el mundo tridimensional para crear una base funcional sólida para el aprendizaje, que los medios tecnológicos no logran proporcionar información necesaria a los 5 sentidos.
El juego al aire libre y sobre todo en la naturaleza les permite experimentar los sentidos como el equilibrio, el propioceptivo, táctil, auditivo, olfativo y gustativo favoreciendo la integración de los sentidos, los fortalece (especialmente en los primeros años de vida del niño, para fortalecer músculos oculares y el sentido de la vista) y estimula la capacidad de observar, experiencias que no reproducibles en espacios cerrados, como en casa o el aula. También estimula la curiosidad.
Los hogares son cada vez menos acogedores para los niños, los ambientes son reducidos, o poco seguros para realizar habilidades motoras, como caminar, saltar, girar, rampar, escalar y realizar rutinas de movimientos, pero son fundamentales para conocerse y ganar confianza al niño.
Los niños deben asumir algunos riesgos previos, porque le ayuda a gestionarse de forma autónoma y les enseña a evaluar diferentes situaciones, ante una caída pueda descubrir su capacidad para orientarse en el espacio, confiando en sí mismo y en su capacidad para levantarse.
Por eso es tan importante mantener el deseo de descubrir y jugar en la naturaleza, de reconectar con las experiencias naturales.